“Si abandoné fue porque no tenía ganas de correr. Porque perdí el placer de estar corriendo, de estar en montaña…
…la sociedad nos lleva intentar estar presentes en todas partes, a buscar una belleza que es efímera.
En Cavalls me di cuenta de esto.
A veces hay que cerrar los ojos y entonces se puede ver cual es la verdadera belleza… y entonces me di cuenta de que no estaba haciendo lo que realmente quería.”
Todos deseamos ganar y a nadie le gusta perder, pero esto tiene consecuencias muy negativas cuando el ganar implica olvidarse de otros conceptos no menos importantes vinculados al deporte y a la vida en general.
Killian es sinónimo de record y de inspiración.
Uno de esos referentes capaz, tanto de devolverte el aliento cuando el fuelle no da para más, como de hacerte parar y reflexionar sobre tus motivaciones.
En Cavalls del Vent se retiraba. A veces tras ganar una prueba de ultradistancia no se sentía satisfecho y “al día siguiente hay gente que está llegando a una plaza y los ves que están llorando de emoción, y contentos, y dices: ¡qué cabrón, ese sí que ha ganado!”
Y es así como de vez en cuando el semáforo debe de ponerse en rojo.
Cuando todo se fundamenta en ganar más, más dinero, más fama, más poder, más y más… y sin darnos cuenta hemos perdido la capacidad de preguntarnos “¿por qué?”.
A veces hay que cerrar los ojos y volver a las raíces.